La derrota del PRI en Oaxaca

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José Antonio Hernández Fraguas.*

LA ELECCIÓN ENTREGADA?

Afirmar que el PRI perdió la elección a gobernador en Oaxaca simple y sencillamente porque el gobernador Alejandro Murat entregó la plaza -políticamente- a Morena a cambio de ciertos acuerdos, es una visión simplista y sin análisis de fondo de quienes, o no conocen la realidad de nuestro estado, o acusan sin tener un fundamento real, simplemente porque es la respuesta o excusa más sencilla a un problema mucho más complejo. No pretendo hacer una defensa a ultranza de nadie; eso no beneficia a nadie, y mucho menos al PRI.

Por un lado están quienes afirman que hubo arreglos para que el PRI perdiera y hasta se atreven a decir en qué consistieron -como si tuvieran constancia de ello-, y por otro lado, están quienes han encontrado una salida fácil y cómoda para justificar la derrota, señalando a un único culpable y eludiendo la necesidad de cubrir la falta de capacidad para organizarse y plantear algo que motivara al electorado.

En ambos casos, me parece que han dejado de observar lo siguiente: Oaxaca depende, en más del noventa por ciento, de los recursos federales. Eso quiere decir que más de 9 de cada 10 pesos destinados a los programas y proyectos en el estado vienen etiquetados a las dependencias federales y, aunque en algunos casos se necesita de la participación local con recursos propios, éstos nunca serán suficientes debido a la baja recaudación que reportan las finanzas, pues hay una muy baja tributación por la falta de grandes empresas o industrias que generen empleos fuera del gobierno.

A diferencia de estados como Coahuila, Nuevo León o Jalisco, que recaudan mucho más de lo que reciben del gobierno federal, Oaxaca no puede darse el lujo de distanciarse o pelearse con el gobierno federal y poner en riesgo el 90% de sus recursos. Sería una apuesta en la que tiene mucho que perder y poco que ganar.

Se requiere, entonces, de un buen esquema de coordinación, de concertación y de acuerdos para que el estado sea apoyado por el gobierno federal y poder realizar grandes proyectos que cambien el rumbo y el destino para las oaxaqueñas y los oaxaqueños.

Y para ello, ser del mismo partido o de uno diferente no asegura nada. Como ejemplo: en los dos primeros años de éste gobierno local, teniendo un gobierno federal priísta, no se sintió -o cuando menos no se notó- un apoyo decidido para el estado de Oaxaca. Había otras prioridades; el Presidente vino muy poco y en visitas muy breves.

Por por otra parte, en los últimos tres años y medio, se vió un mayor apoyo con recursos para los grandes proyectos (Inter-oceánico, autopistas a la costa y al Istmo), en programas sociales y en obras de caminos en zonas rurales, entre otros, y la presencia del presidente es casi permanente en
todas las regiones del estado.

No hay que olvidar que Oaxaca se ha considerado el paraíso electoral de AMLO, pues cada vez que ha aparecido en la boleta de votación ha arrasado, y que éste es el segundo estado en el que cuenta con la mayor aprobación en las encuestas.

Me parece que conociendo la forma unipersonal de gobernar de López Obrador y su estilo difícil -por decir lo menos- de imponer su criterio y su voluntad, recibirlo amablemente y colaborar estrechamente con él es más que un gusto, una necesidad. En ese sentido, se hace necesaria una actitud inteligente y conciliadora para avanzar en beneficio del estado.

Además, en muchas ocasiones, los mismos priístas dejamos de comunicar de manera asertiva lo importante que es para Oaxaca la concertación de esfuerzos y, sobre todo, sin resaltar los resultados que ha tenido la actual administración estatal, documentados no sólo en los informes de gobierno y en la estadística oficial de órganos del Estado Mexicano que reconocen avances importantes en distintas materias. Pareciera que a nadie interesó -incluida una buena parte del gabinete local- que se conociera lo bueno y construir un discurso atractivo para los diferentes sectores de la población oaxaqueña.

En otros estados como Yucatán, Chihuahua o Querétaro, han entendido bien que a pesar de ser gobernados por partidos distintos a los del presidente, es fundamental tener una buena relación y hacer que la ciudadanía la conozca, sin necesidad de renunciar a sus principios, a su ideología ni a su partido.

Por otra parte, el uso político de los programas sociales y el activismo electoral de todas las dependencias del gobierno federal, además del “barrido” que hacen diariamente los “servidores de la nación” casa por casa para decir a los beneficiarios de esos programas que el apoyo lo reciben directamente de AMLO, y para hacer una estructura que se moviliza cuando se requiere, especialmente en las elecciones, ha resultado muy positivo para la imagen presidencial y para llevar votos a su causa.

Desde hace muchos años Oaxaca es un bastión político para AMLO -que no para Morena-, pues como partido no necesita de una estructura ni de organización propia para ganar elecciones: las elecciones las gana la presencia de AMLO, y aunque en el reciente proceso bajó considerablemente su votación, comparada con la elección presidencial, con la elección intermedia y con el ejercicio de revocación de mandato, cuenta con lo suficiente para ganar por sí solo, sin la necesidad de pactos o de acuerdos.

El PRI, por otro lado, fue perdiendo cada vez más presencia en los resultados en todo el estado; se perdió la mayoría en el congreso local; se perdieron los más importantes municipios; las diputaciones federales y el senado, y eso, más que ser la culpa de una sola persona, es resultado de una actitud pasiva de quienes debimos cuidar al partido como una fuerza real. Pero se impuso la apatía, el interés personal, la búsqueda de
posiciones y de beneficios de grupo, descuidando a una estructura que funcionó muy bien en todo el Estado, pero que ahora, en una buena medida, se mercenarizó, volviéndose cara e inoperante.

Yo mismo competí hace un año por una diputación federal y, aunque obtuvimos una buena votación, perdí frente a un candidato que ni siquiera hizo campaña, que con su partido (PT) sólo obtuvo poco más de ocho mil votos, pero que ganó contundentemente gracias al efecto AMLO.

Yo no puedo decir que mi distrito estaba entregado previamente, pues la cantidad de votos que obtuve hubiera sido suficiente para ganar cómodamente en otras condiciones, pero no en esta. Me ganó AMLO; hay que entenderlo y no buscar más culpables.

Oaxaca, pues, desde hace mucho dejó de ser mayoritariamente priísta. Por eso sostengo que es simplista decir y acusar que se entregó el estado para ésta reciente elección. NO SE PUEDE ENTREGAR LO QUE YA NO TIENES.

Entenderlo es el primer paso si queremos ver hacia adelante y lograr posicionarnos en el ánimo del elector, en lugar de estarnos justificando echando culpas.

¿HAY FUTURO PARA EL PRI EN OAXACA?

El reciente proceso electoral en nuestro Estado ha dejado varias lecciones que en el PRI debemos aprender si queremos volver a ser competitivos y rescatar la confianza de la gente. Los resultados obtenidos deben
convertirse en una oportunidad para repensar nuestras estrategias y recuperar espacios, a partir de un ejercicio autocrítico que, sin lastimar a nadie, revise las condiciones actuales en las que queremos ganar elecciones.

Estoy convencido que Alejandro Avilés hizo una campaña interesante, intensa y distinta, que logró tocar al priísmo de base, al que sigue creyendo en nuestra organización y que estaría dispuesto a la reflexión para modificar lo necesario y cuidar lo que se ha logrado para fortalecerse nuevamente. Creo que se logró comunicar entusiasmo y buen ánimo en esa base que aún existe y que, por supuesto, no es menor: poco más de un cuarto de millón de votos.

En términos de comunicación, el uso de la máscara, las propuestas que se hicieron, el sobrenombre de triple A, y el programa Tripleta, además del conocimiento de nuestros compañeros, a quienes se dirigió siempre por su nombre en todas las regiones, sí le llegaron a nuestra militancia que se motivó para salir a apoyar convencidamente.

Un candidato surgido desde las bases movió a esa militancia que todavía conserva su fidelidad al partido y a la que habrá que seguir motivando para que, a partir de ahí, se pueda construir la nueva propuesta que se hace necesaria para mantener la presencia política en el Estado.

Pero ese voto duro que va convencido, no es el voto que se promueve por las “estructuras” de movilización y de promoción. Creo que ese es uno de los primeros temas que tenemos que revisar.

El partido cada vez tendrá menos recursos y eso hace necesario que se revise la forma de optimizar lo poco que habrá para su funcionamiento. Por ello, debe trabajarse para que volvamos a la convicción de participar por sentirnos representados y no por dinero. El costo de esas estructuras, cada vez que hay elecciones, es extremadamente alto, y existe la percepción de que se paga para que se movilice el voto pero en contra, y también para que nuestros representantes en las casillas no hagan lo suficiente y permitan o dejen paso a incidencias que afectan nuestra votación. Es urgente cambiar esa visión de que sólo es posible ganar a billetazos.

Lamentablemente, nos acostumbramos a ver al partido como una dependencia más del ejecutivo en turno, y eso generaba espacios para los amigos, para los incondicionales de la dirigencia y para ayudar a quienes nos sirven personalmente, lo que generó una abultada nómina que poco o nada le sirve a la organización. Por eso, me parece hasta injusto acusar que no hay apoyo suficiente, cuando en su mayoría, son recursos tirados a la basura o que han servido para unos pocos, sin resultados tangibles para el partido.

Se hace necesario también revisar la actuación de los sectores y organizaciones: ¿Realmente están representando el interés de quienes forman parte de esa fracción de la sociedad o de la militancia? Porque en ellos es en quienes debería recaer la responsabilidad de convencer a sus representados para que apoyen al partido. De otra forma, sólo serán, salvo algunas excepciones, simulaciones para tener tranquilo a quien levanta la voz.

¿Las candidaturas realmente corresponden a quién puede ganar, o a quien va a actuar con lealtad al partido? Hoy tenemos un espacio perdido en el Senado de la República; hicimos senador a quien ahora se placea
públicamente con los de enfrente; hicimos diputado plurinominal a un personaje que ha cambiado de camiseta cada que le conviene y que incluso, antes de tomar protesta, ya se la había cambiado nuevamente y terminó apoyando al candidato de Morena.

¿Así queremos ser competitivos?
Las cuotas de quienes nos sentimos importantes, MUCHOS GENERALES Y POCA TROPA, siempre pensando que somos indispensables o, peor aún, que tenemos para chantajear o amenazar si no nos resuelven nuestras peticiones, excluyendo a quienes no se pliegan a nuestros intereses y descalificándonos unos a otros.

¿Tenemos cuadros o dirigentes que realmente enorgullecen al partido? O tenemos que seguir aceptando que quienes son señalados por malas prácticas o por escándalos sigan abrogándose la representación de nuestro partido.

El ejemplo más contundente lo tenemos en el CEN, hoy que se requiere de nuevos liderazgos para afrontar los próximos retos electorales. Sin prejuzgar, pero a quienes primero habría que dar explicaciones es a los priístas, para decidir si tienen con qué seguir al frente con todo el apoyo de la militancia, o si deben retirarse.

Pero sobre todo, ¿Tenemos la capacidad de construir un nuevo discurso, que retome las banderas de la ciudadanía y que proponga soluciones a sus necesidades? ¿Podemos ser críticos de la realidad nacional con responsabilidad y con propuestas viables de solución?

¿Seremos capaces de entender nuestra realidad y, a partir de ahí, replantearnos una oferta atractiva, seria, posible y sobre todo realizable?

YO CREO QUE SÍ. CLARO QUE SE PUEDE. CLARO QUE HAY FUTURO PARA EL PRI EN EL ESTADO. CLARO QUE SI APROVECHAMOS NUESTRA BASE PARA CONSTRUIR NUESTRO TECHO, SÍ SE PUEDE. CLARO QUE SI NOS ACERCAMOS A LA SOCIEDAD Y SUS CAUSAS, SE PUEDE.

Después de éstas breves reflexiones, ¿Todavía hay alguien que pueda pensar que el estado fue entregado?

Habrá que reiniciarnos y ver hacia adelante, con altura de miras, dejar de buscar culpables con nombre y apellido y reconocer que lo que nos pasa es, en mucho, culpa de todas y todos nosotros; sólo así volveremos a ser competitivos y estaremos a la altura del reto.

*Ex presidente del PRI en Oaxaca. Ha sido Presidente Municipal de Oaxaca de Juárez 2008-2010 y 2017-2018. Diputado local y federal en dos ocasiones, Representante del PRI ante el IFE-INE, entre otros cargos